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viernes, 21 de junio de 2013

Camarón, apuntes de una entrevista breve

Foto: Kiki. Una de las imágenes más comercializadas de Camarón
sin la autorización de su autor: Joaquín Hernández "Kiki", y a espaldas de los
beneficios económicos de la venta de miles de camisetas.

Cuando escribo sobre Camarón soy absolutamente subjetivo. Lo reconozco. José me gustaba hasta cuando tosía. Me fascinaba verle ahuecarse las palmas de sus manos con tremenda personalidad, acariciando los tiempos de su leyenda. La expectación que creaba. La imprevisibilidad que su sólo nombre producía. Sus espantás; las gitanas esperándolo con los corales rojos; los gitanos con los cordones de oro y sus mejores galas: camisas de puños vueltos con el pelo "a lo Camarón"; especulaciones sobre su más que probable desplante. Me encantaba la mirada expresiva que en el escenario y de soslayo echaba a su izquierda, cómplice de Paco de Lucía o del Tomate, sus dos principales guitarristas, junto a Paco Cepero. Tres escuelas de guitarras que marcaron tres decenios con el artista de las Callejuelas. Tuvo tocaores anteriores. Ya lo creo. Algunos ignorados por la flamencología oficial, caso de Juan Doblones del barrio de Santa María y otros que ahora no vienen al caso.

Servidor entró en la radio por casualidad. En algún sitio he escrito que llegué a ella "como se llega a la escayola, a la venta de arropías o al cultivo de lapas de pelo". Discurría 1989 y Camarón estaba en la cima de su fama, pero también en el ocaso de sus facultades. Era otoño y la expectación que se había levantado por su disco Soy gitano, grabado en los míticos estudios de Abbey Road con Ricardo Pachón, era enorme. Sevilla esperaba y reivindicaba su estreno, pero José escogió Cádiz para hacerlo. Sevilla se enfadó evidentemente, las ciudades no son entes; hablo de los círculos flamencos hispalenses y Cádiz y sus flamenquitos lo disfrutaron; a fin de cuentas se trataba de su territorio natural. De sal y de son.


Inesperada puesta de largo en el Teatro Andalucía, en la ciudad que fue manantial claro para su repertorio, por citar los más obvios: su Perla querida; Joseíco que le incrustó pa los restos el remoquete de Camarón; Rosa la Papera y María la Sabina, coetáneas de su madre, Juana Cruz, que le arrimaron sus cantes mecidos y Santiago Donday con desgarro, tizne y olor de fragua, ambos de padres fragüeros, y uno de los cantaores que más le fascinaron a José, por la imprevisibilidad y anarquía de su cante.

Recibí una llamada inesperada a casa. Era la voz de Pepe Suazo avisándome de que en la Peña Camarón, de Cádiz, estaba José, por si quería entrevistarlo... Cientos de agujas de miedo se me clavaron en mi barriga. ¡Qué malísima buena suerte y qué buenísima suerte más mala! Me asusté. Sudé sólo de pensarlo y noté el cañonazo de adrenalina que sólo certificaba mi manifiesta inseguridad. No tenía experiencia para entrevistarlo y encima estaría ante mi ídolo. En mi radiocasete Orion de los 70 había pulverizado una cinta de gasolinera, de ferrocromo, que se titulaba Mano a mano entre Camarón y Lebrijano. Era cuanto tenía. En mi casa, por mor de hermanos mayores, sólo había discos de Beatles magníficos, por otra parte, de Bob Dylan, Deep Purple y el single de My Sweet Lord... Tenía trece o catorce años y el cante de José se me metió en las tripas y me hizo irremediablemente camaronero. Bendita falta de remedio. Bendita subjetividad a la hora de escribir esto.

El resultado es la entrevista que a continuación comparto. Entrevista breve. Demasiado breve para estar ante quien estaba. Inseguro, subjetivo, verde y fascinado; nada alejado del personaje para abordarlo con objetividad. Jamás se me olvidará la forma de mirar de José, la expresividad racial de sus ojos negros y su increíble sencillez, tan sólo comparable a su timidez natural.

No le gustó "que mentaran a su mare Juana"apostilló a mi pregunta y agradeció el detalle de que la capital le hiciera antes una peña que su San Fernando natal. Disculpen mi torpeza manifiesta y disculpen la vocecita de veinte años menos...


Peña Camarón de la Isla, Cádiz, noviembre de 1989. Foto: Fariñas


                                                   


Lujo de vídeo. TVE. Las Callejuelas, casa de la calle del Carmen de los Monge Cruz. Sólo por escucharla cantar y por el "¡óle, viva mi hijo!" que su madre Juana suelta (2:23), merece la pena recordarlo.