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miércoles, 19 de diciembre de 2012

El Concurso de San Severiano (1903)

Como es fácil deducir, concursos de cante y de bailes flamencos, han debido existir muchos a lo largo de la historia y seguramente en todos los pagos donde lo flamenco haya discurrido suelto y consustancial a la tierra donde florecía. Al hombre le gusta competir por naturaleza, y seguro que no será nada difícil que en un futuro aparezca algún concurso, cronológicamente más antiguo que el que ahora extraemos del presente fardo (si es que no ha aparecido ya, anterior al célebre Concurso de Granada de 1922). En cualquier caso, como esta entrada no busca ni el "concurso" ni la competición, aquí va una curiosa muestra de un certamen de cante flamenco, celebrado en el barrio de San Severiano del Cádiz de extramuros de principios de siglo XX.

El concurso tiene un aire verbenero y, si me apuran, pedáneo; no en vano, San Severiano, junto a San José y Puntales, fueron los tres núcleos urbanos que empezaron a configurar la población del istmo del Arrecife, entre chumberas y parras, albercas, caminos polvorientos, ventorrillos y fértiles huertas.

Barrio de San José, hacia 1880, imagen obtenida desde la parroquia del mismo nombre. A la izquierda los hornos de la fábrica de gas. A la derecha la torre almadrabera y el cementerio. Foto: AHMC


El flamenco encontró siempre en Puertatierra horma cómoda para que los tercios sonasen altos y libres. Las Puertas de Tierra cerradas, impedían el retorno a Cádiz en calesas y la proliferación de ventas, con patios espaciosos, favorecieron las juergas, regadas de manzanilla y pescao frito.


Gitanos viviendo en los glacis y cuevas de las Puertas de Tierra (*)


Dejemos que sea el político gaditano Emilio Castelar, según feliz rastreo hemerográfico de Ortiz Nuevo (1), el que nos cuente, cómo era una juerga "beduina" en la Puertatierra del año 1874:

"Me encontraba una tarde en la Puerta de Tierra de Cádiz. El levante nos enviaba sus ráfagas abrasadoras, y el infinito Océano el jigante (sic) rumor de sus olas.

Bajo un parral a la pálida luz de un farol que el viento agitaba entre los aullidos de una zambra de jitanos (sic), que parecían traídos, según lo negruzco de sus rostros, lo gutural de sus voces, por una ráfaga del viento del gran desierto que azotaba las costas, entre los aullidos de una zambra de jitanos (sic), levantábase una mujer que a primera vista parecía fea, y que, sin embargo, con su cabeza levantada, sus brazos tendidos al cielo, erguido su cuerpo tan flexible, como el de una serpiente, bailaba, y de su pecho, exhalaba un cántico que parecía el acento de una desesperación infinita y de sus ojos relámpagos siniestros, que fulguraban como la tempestad de una inmensa pasión. Aquella mujer, no cantaba el amor, no, cantaba la libertad. Su voz era un gemido infinito, un gemido capaz de partir en pedazos el corazón más duro. Cuando yo la veía bailar exclamaba: Así debió bailar Cleopatra. Cuando yo la veía cantar exclamaba: Así debían cantar las hijas de Israel en las orillas de los ríos de Babilonia. Su canción principal era como sigue: 
                   
                                           En el patio de la cárcel
                                           miré al cielo y di un suspiro
                                           ¿Dónde está mi libertad
                                           que tan niña la he perdido?
                                           
¡Oh! He recogido estos recuerdos de mi cartera de viaje. Pero ¿qué valen ellos en presencia de la realidad? Visitar Andalucía, y de seguro que traeréis en el alma uno de esos poemas de grandes recuerdos que son una fuente perenne de consuelos y de poesía, en la triste esperanza de la vida."
                                       Emilio Castelar (La Andalucía, 30 de abril de 1874)

Es curioso. En la actualidad, los sustantivos tocador/tocadora, cantador/cantadora y bailador/bailadora, han sido "derrotados" oficialmente por las hablas andaluzas. Lo cual ha obligado a la RAE hoy día, a aceptar las preciosas formas expresivas de tocaor, cantaor y bailaor, sin la necesidad de entrecomillarlo ni de ponerlo en cursiva.

Volvamos al concurso de San Severiano. Repárese de qué manera el cronista se refiere a Cádiz, como la tierra en la que "tantos tocaores existen" (además de la tierra de los tangos) y cómo usa ya los sustantivos cantaores y tocaores, eso sí, con la tipografía en cursiva, indicando el vulgarismo:

Diario de Cádiz, 5 de junio de 1903

La noticia parece que cunde y en breve se disponen a viajar cantaores de Sevilla y Jerez a disputarle el premio a los artistas de Cádiz. El concurso es un hecho:

Diario de Cádiz, 6 de junio de 1903

Diario de Cádiz, 14 de junio de 1903

Finalmente, el concurso se celebró el viernes, 26 de julio de 1903, a las ocho y media de la noche, ignorándose el desenlace final, que no quedó reflejado en la prensa periódica.

_________________________

(1) ORTIZ NUEVO, José Luis¿Se sabe algo? Viaje al conocimiento del Arte Flamenco en la prensa sevillana del XIX, Sevilla: Ediciones el Carro de la Nieve, 1990 (Págs. 310 y 311).

(*) Fotos blog MdChttp://memoriadecadiz.es/

6 comentarios:

  1. Me quedo con la foto del Barrio de San José hacia 1880.
    Magnífica foto para la memoria. Me gusta, me gusta, me gusta.
    (Viñera)

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    1. ¿Es bonita, verdad, Viñera? Es un álbum de cinco o seis fotografías, que conserva el archivo citado (sin nombre de su autor), todas disparadas en la misma dirección, hacia San Fernando. Casi con toda probabilidad esté hecha desde alguna vivienda anexa a la parroquia. Es francamente bonita, sí. Subiré otras también muy guapas.
      Muchas gracias por comentar (le da todo el sentido a esto).
      Un saludo y flamenquita Navidad.

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  2. Curioso y temprano Concurso de Cante Flamenco. En San Severiano se encontraban -como bien sabes- dos enclaves flamencos importantes, La tienda de Victor y el Restaurante Buena Vista, cerca de la calle Tolosa Latour.

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    1. Muy cierto, Antonio, quién pudiera paladear esas tiendas de la época. Un abrazo.

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  3. La foto de esos gitanos tiene historia, ya que de ellos viene el popular nombre de Las cuevas de María moco, estas cuevas son contraminas que formaban parte del sistema defensivo del frente de tierra.Si queréis saber algo mas sobre estos túneles podéis visitar esta web muy recomendable.
    http://lascuevasdemariamoco.jimdo.com/

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    1. Al menos eso dice la leyenda popular. Gracias por comentar, Óscar. Sé que los glacis fueron habitados por gitanos, durante mucho tiempo. Yo entré de niño por la vía del tren, en una aberturas rectangulares que había abajo de las murallas de Bahía Blanca, y era un camino ascendente hacia el N y si girábamos al W, había otro pasadizo que le llamaban "la Cueva de Catán".
      Un saludo.

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