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jueves, 29 de agosto de 2013

Manuel Peralta el Muerto. Banderillero y cantaor (A Guillermo Boto Arnau)

Torero. Obra de Álvaro Reja

El toreo y el flamenco han ido tan de la mano, que en la génesis de éste último hay significativos nombres de oro (y grana). Grandes maestros cantaores y bailaores que compatibilizaron sus cualidades de cante y baile con las taurinas, sucediendo también a la inversa, en donde primeros espadas, atesoraron cante y compás a gran altura.

Al escritor hispano-argentino Anselmo González Climent debemos el primer estudio y el primer acercamiento sólido, con su obra, Andalucía en los toros, el cante y la danza. Pero sus méritos son mayores: los términos 'flamencólogo' y 'flamencología', hoy aceptados no sin factibles disidentes, entre los cuales no me encuentro se deben a su cuño y creación.





Descuella, asimismo, la monografía Toros y arte flamenco, perteneciente a Los Toros de Cossío.

El DEIF, por su parte, acuñó como voz propia, todo esta teoría y este fenómeno aglutinante, bajo el nombre de 'tauroflamencología'.



Torero tocando la guitarra. Obra de Emilio Sala


Esta interacción tauroflamenca, fue mucho más evidente en el siglo XIX, en el que ambas manifestaciones estaban indisolublemente unidas y se dio de forma especial en la provincia de Cádiz, sobre todo en la capital, donde entroncaron dos dinastías que asombran: los Díaz y los Ortega —sin perder de vista, en este microcosmo tauroflamenco, a los Monge, Jiménez, Espeleta y Cantoral—, convirtiéndose ésta provincia en la que más casos aporta a la historiografía, con nombres bordados de toreros cantaores y flamencos taurinos, indistintamente, como: Tío José El Granaíno, Manuel Díaz Cantoral LaviEl Muerto, Juan de Dios, Enrique el Mellizo, Manuel Hermosilla, los hermanos Juan y José Gallardo, El Pollo Rubio, Juan Luis de la RosaPaco de Oro, Enrique Ortega Díaz El Gordo, José Giménez El Moreno de Rota, Vicente Vives El Colorao, José Ortega El Águila, Antonio Muñoz El Enano, El Estampío, Manuel Ortega Caracol el del Bulto, Aurelio SellésAntonio El Flecha, Agustín Fernández El Melu...




En el caso de Sevilla, la segunda provincia con mayor aporte, destacan: Silverio Franconetti, Enrique Santos El Tortero, Manuel Centeno, Juan Belmonte, Enrique Ortega El Almendro, Joaquín Rodríguez Cagancho, Miguel Niño El Bengala, Gitanillo de Triana... (1)


José Cándido en la suerte del puñal. Lámina de La Lidia


Cogida de José Cándido (Cádiz), en 1771, en El Puerto de Santa María.
Primera figura víctima conocida del toreo profesional (Guillermo Boto)


















La relación entre toros y cante no se circunscribe sólo a lo anterior, sino que el propio corpus de coplas está plagado de sucesos taurinos, la mayoría históricos, como la muerte del espada de Cádiz, José Cándido en el coso de El Puerto de Santa María, suceso que se remonta a 1771 y que quedara inmortalizado en el canto primitivo de una toná, recogida por Demófilo:

                                              En el Puerto (de Santa María)
                                              murió el Cándido
                                              y allí remató su fin.
                                              Lo mató un torito de Bornos
                                              por librar a Juaquilín

                                              Y al otro día siguiente
                                              salieron tos los toreros
                                              vestíos de negro luto
                                              por la muerte e su maestro.


José Cándido Expóxito (Cádiz, 30 de noviembre de 1734-El Puerto de Santa María, 1771)

O esta seguiriya trianera del repertorio de los Caganchos:

                                            A un torito en plaza
                                            no le temo yo tanto
                                            como le temo a una malina lengua
                                            y a un testigo falso.

Otro suceso, acaecido en un coso de Cádiz, el 19 de marzo de 1814, también traspasó al acervo flamenco y hoy se interpreta como una cantiña: la cogida del Marqués de Torrecuellar, en un festejo en donde también torearon Curro Guillén y El Sombrerero:

                                           Mañanita de San Juan,
                                           un torito de Cabrera
                                           le hizo bailar la matraca
                                           al Marqués de Torrecuellar. (2)




La siguiente seguiriya está atribuida a Tomás el Nitri cuando en 1872 llegó a Cádiz la noticia de la muerte de José María Ponce, espada que estaba casado con Cristina Ortega, hermana de los célebres Cucos:

                                             Pobresito Ponce
                                             que en Lima murió.
                                             Cómo murió llamando a Cristina
                                             murió y no la vio.



En el estudio del Padre del folclore, escrito en el año 1881, Demófilo ofreció un listado, a modo de apéndice, a partir de la información oral que le proporcionó un cantaor jerezano (Juanelo) (3).


Antonio Machado Álvarez Demófilo
En esa lista que ofreció para las figuras gaditanas, nacidas en Cádiz capital, con trece cantaores, nos encontramos en segundo lugar a Manuel José y en tercer lugar a El Muerto, específicamente reseñados los dos como de la época del Fillo.

No proporcionó ningún dato más sobre estas dos figuras. Sólo el escueto nombre, en un caso, de Manuel José, y en otro, el sobrenombre de El Muerto y la contextualización de su época, situándolos a ambos, coetáneos de El Fillo.





En la obra magna de dos tomos del DEIF de Blas Vega y Ríos Ruiz, tan sólo se nos dice de ellos:


"MANUEL JOSÉ. Cádiz, siglo XIX. Cantaor. La única referencia fidedigna que de él se conoce, se le debe a Demófilo que lo reseña en su obra 'Colección de cantes flamencos', aparecida en 1881". (4)

"MUERTO, ÉL. Cádiz, siglo XIX. Cantaor. Demófilo lo incluye en la relación de cantaores insertada en su libro 'Colección de cantes flamencos', editado en 1881, sin que se conozcan más datos en torno a su existencia, ni de su repertorio estilístico". (5)




Llegados a este punto, conviene recordar que debemos al especialista en toros, Guillermo Boto, la identificación de este cantaor en su obra, Cádiz, origen del toreo a pie (1661-1858), advirtiéndonos, además, que Demófilo, —seguramente producto de su información oral— efectuó "dos en uno", es decir, que reseñó dos cantaores, cuando en realidad se trataba tan sólo de uno (6): MANUEL JOSÉ PERALTA, apodado EL MUERTO, banderillero, nacido en Cádiz a finales del siglo XVIII, que en la década de los 20 de la centuria siguiente, figuraría en distintas cuadrillas, compartiendo gloria y albero con toda la gitanería tauroflamenca del barrio de Santa María.


Acuatinta, aguafuerte de Francisco de Goya. La valentía de Martincho

No acaba aquí la aportación flamenca de Boto Arnau, pues a él también debemos la localización de las actuaciones de Antonio Monge, El Planeta en 1826, interpretando en distintos teatros de Cádiz, cuatro variedades de Polo: el de Cádiz; el de Ronda; el de Tobalo y el de Jerez (7).
Torero citando. Obra de Manolo Morgado

Disfrutemos del fardo. Ha llegado con la arribazón de la algas que presagian el veranillo del membrillo. Veamos la corrida gaditana de la Plaza del Balón, en el año 1829, que hemos podido colectar del Diario Mercantil de Cádiz:

"PLAZA DEL BALÓN.-  En celebridad de la gracia que la piedad del Rey N. S. ha concedido a esta ciudad, se verificará hoy un divertido capeo de cinco becerros herales embolados, siendo dos de D. Francisco Santa María, de S. Juan del Puerto, y los tres restantes de D. Francisco Jiménez Tenorio, de Sanlúcar.= Serán picados por Gaspar Díaz y José Díaz (a) Mosquita, y banderilleados por José Labi, Manuel Peralta (a) el Muerto, Baltazar Gutiérrez (a) el Zapatero, todos à la dirección de Juan Jorge (a) Juaniquí.= A las 4 1/2" (8)


Diario Mercantil, 1 de marzo de 1829




José Monge Cruz Camarón, con el traje de luces


Curro Romero cantando, ante las atentas miradas de El Beni de Cádiz y El Pescaílla


Camarón de la Isla
Manuel Mancheño El Turronero

Manolo Caracol, toreando de salón, ante Paco Camino


Fernando Quiñones en una capea en El Bosque (Cádiz).
Foto: Fundación Fernando Quiñones


Genio y figura. Fernando Quiñones despidiéndose de Reader´s Digest.
Foto: Fundación Fernando Quiñones

_________________________

(1) BLAS VEGA, José, El flamenco y los toros, en Historia del flamenco siglo XXI (Volumen dirigido por Cristina Cruces Roldán) Págs. 475-501.

(2) El Diario Patriótico de Cádiz, 22 de marzo de 1814 (localizado por Guillermo Boto).

(3) MACHADO Y ÁLVAREZ, AntonioColección de cantes flamencos, recogidos y anotados por Antonio Machado y Álvarez "Demófilo". Edición, introducción y notas de Enrique Baltanás, Sevilla: Portada Editorial, 1996.

(4) BLAS VEGA, José y RÍOS RUIZ, Manuel, Diccionario Enciclopédico Ilustrado del Flamenco Tomo II, Madrid: Cinterco, 1988 (Pág. 453).

(5) Ibídem, Pág. 521.

(6) "Su nombre era Manuel José Peralta, apodado El Muerto, y fue uno de los primeros cantaores de flamenco gaditano. Al igual que Juan de Dios, aparece citado en la relación que Juanelo hizo al padre de los Machado, Demófilo, de los cantaores antiguos que conoció. Su nombre lo desdobló en dos personajes el famoso precursor de los estudios de folklore, arrastrando en el desdoble a Fernando Quiñones. Con Monge, el Muerto, Juan de Dios. los Díaz, los Ortega y Tío José el Granaíno, vecino y quizás nacido como todos los anteriores en el barrio de Santa María se inicia una íntima relación histórica entre el toreo y el flamenco". BOTO ARNAU, Guillermo, Origen del toreo a pie (1661-1858), Puerto Real (Cádiz): Ingrasa Artes Gráficas, 2002 (Pág. 273). Junto a Guillermo Boto, es preceptivo y de justicia, por sus trabajos y dedicación a la investigación del Cádiz taurino, reseñar la figura de Curro Orgambides.

(7) Ibídem, Pág. 224.

(8) Obsérvese el aviso que daba la gerencia del Teatro Principal de Cádiz, tras anunciar la ópera del maestro Rossini, "para los señores que gusten conservar sus localidades para los días de Carnaval".


lunes, 12 de agosto de 2013

De Telethusa a La Macarrona


No podemos hablar de Las bailarinas de Cádiz como un sedimento arcaico protoflamenco, por seductora que sea la tentación. Lo ignoramos todo de ellas, salvo las descripciones que nos dejaron los autores clásicos. En algo sí hay consenso: la profusa carga sensual de su baile.

Telethusa. Venus Calpigia
Museo Napolitano
Marcial hablaba de las Puellae Gaditanae en los siguientes términos: "expertas en adoptar posturas lascivas al son de las castañuelas béticas y en danzar según los ritmos de Gades". Proseguía Marcial"su cuerpo, ondulando muellemente, se presta a tan dulce estremecimiento, a tan provocativas actitudes, que harían excitarse al casto Hipólito".

   Ven Telethusa romana de Cádiz,
   ven a bailar bajo el sol marinero,
   ven por la sal y las dunas calientes,
   por las bodegas y verdes lagares.

                                   




                                            Diestra en quebrar la delgada cintura,
                                            en repicar los palillos sonoros,
                                            diestra en volar sin dormirte en el vuelo,
                                            en no pesar al pisar en la tierra.
                                                






Juvenal lo confirmaba: "Acaso esperes muchachas gaditanas que en coro se pongan a entonar lascivos cantos de su país y enardecidas por los aplausos, exageren sus temblorosos movimientos de cadera".

La obra, Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar (1) aporta la siguiente cita: "Me gustaba sobre todo la gimnástica sutil de las danzas; descubrí que sentía cierta debilidad por las danzarinas de crótalos, que me recordaban la comarca de Gades, los primeros espectáculos a que había asistido de niño. Amaba ese ruido seco, los brazos levantados, el despliegue o el repliegue de los velos, la bailarina que deja de ser mujer para convertirse en nube o en pájaro, en ola o en trirreme".


Puellae gaditanae. Obra Angelo Todaro

Puellae Gaditanae. Julio Ceballos
Óleo sobre lienzo

Bailaora en aguada.
Obra de Manolo Morgado.
Aguada sobre papel de estraza
El baile flamenco es pura seducción. Argucias estéticas, persuasión visceral. Trampa que atrapa; tragaera que te traga. Es un juego sensual profundo, en cada movimiento y en cada intención. Cartas marcadas. Indistintamente —además— del género que lo baile. 

Esa carga erótica de la danza, usada por otras culturas con iguales resultados estéticos, ha hipnotizado históricamente a todos los mortales, emborrachándole sus sentidos, con contorneos de caderas; explícitos movimientos de manos, insinuantes pies, hipnóticos giros de cabeza y colocación de hombros.

Y miradas. A veces se baila con la mirada. Embaucadora. A veces con poco se baila mucho. Y se transmite. Y nuestros instintos se encienden, y la sonrisa aflora porque te ha transmitido hasta el tuétano. Le dicen 'transmisión', pero es pura seducción. Es artimaña que ha tratado de atraparnos y nos ha encantado que nos atrape la encantadora de serpientes o quítenle, si prefieren, la preposición: la encantadora serpiente. Un arte que cala y un arte que se cala y luego se cobra la pieza. Un trasmallo —de tres mallas, cómo no— que enmalla tus sentidos con las (h)erbitanas exteriores, atrapándote como un velo de seda que te enreda en la red. ¿Dónde si no?

Manuela Carrasco. Efigie de una deidad


Merche Esmeralda
Merche Esmeralda baila hasta sonriendo. Parece que sonríe bailando, sin embargo es al revés. 

Manuela Carrasco te parte los huesos nada más que sus ojos negros se claven al frente. Mirada del alto y del bajo Egipto, el papiro del delta norte y la flor de lis del sur; bronce ancestral de diosa mitológica; Telethusa de Alberti, gitana de poderío.

Rocío Molina es la joven seducción danzística, la artimaña —arte y maña— perfecta para dejar que tus atávicos sentidos se convenzan y transiten por los sinuosos caminos del peligro.

Rocío Molina

La Macarrona, óleo de Alfonso Grosso


Muzaffer Uddin (1853–1907) Shah de Persia.
(Fotografía W & D Downey/Getty Images)
París. Exposición Universal de 1889

Que se lo digan al Sha de Persia, allá por mil ochocientos ochenta y nueve, con motivo de la Exposición Universal de París, cuando una de las mejores y más raciales bailaoras de la Edad de Oro del flamenco,  Juana VargasLa Macarrona (Jerez de la Frontera, 1860-Sevilla, 1947) gitana "de aquí te espero" (como diría Chano Lobato), desdibujó al iraquí y le cautivó hasta hacerle exclamar:


Diario de Cádiz, 12 de agosto de 1889



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(1) Agradezco a "María Jesús", lobeliana como quien suscribe, la localización de la cita.

jueves, 8 de agosto de 2013

Pastora Imperio: madre con nombre de especia, hija con nombre imperial (A María Estévez)

Pastora Imperio baja del coche de caballos

Hasta hace relativamente poco tiempo, apenas un decenio, se ignoraba el segundo apellido de Rosario Monge la Mejorana, la madre de Pastora Imperio. Descomunal bailaora —y cantaora— de los cafés Burrero y Silverio, y progenitora de una artista que ni quiso ni tuvo edad. Gitana de mistó, como la matriarca que la trajo al mundo, fruto de la unión con Víctor Rojas, sastre de toreros.

En el año 2001 —tras previa parada en la tasca hispalense de 1670El Rinconcillo, que clama su declaración BIC: Bar de Interés Cultural—, en las dependencias de Almirante Apodaca, en la Biblioteca Municipal de Sevilla, fue donde, sin buscarlo, como tantas veces ocurre y a la caza de hallazgos muy distintos, encontramos su empadronamiento en la calle Corredurías, cerquita ya de Feria, donde cada jueves instalan en Sevilla uno de los baratillos de más arte del mundo.


Rosario Monge la Mejorana. Foto: Fernando el de Triana,
Arte y artistas flamencos

La Mejorana, estaba empadronada en la casa números 43 y 45 de la citada calle, en la Sevilla de 1913. Para su segundo apellido, siempre se había especulado el de Vargas o el de Ortega —de hecho, según los periódicos gaditanos de la época, estaba entroncada con Curro Dulce, por lo tanto con los Ortega—. Mas la planilla del padrón sevillano no ofrecía equívoco alguno:

ROSARIO MONGE MONGE, natural de CÁDIZ, de 50 años de edad, de estado VIUDA; hija de JOSÉ y DOLORES; sabe leer (), sabe escribir (), (1).


La Mejorana con sus hijos. A la izquierda, Pastora Imperio; a la derecha Víctor Rojas "Vito"
Foto: Fernando el de Triana, Arte y artistas flamencos

La Mejorana, a la sazón, vivía ya sola con su hijo, el guitarrista Víctor Rojas Monge (al que llamaba Vito), que años más tarde se entroncaría con Los Melu de Cádiz, al contraer matrimonio con Milagros, hermana mayor de Agustín, Perico, Manolo, Pilar, Encarna y José El Melu, carniceros de tabla; tablajeros de arte. 

La fiesta del casamiento fue sonada y se celebró en la calle Desamparados, en el patio donde estaba el reñiero de los gallos de pelea y a la que acudió toda la flamenquería de Cádiz y Jerez, con Antonio El Mellizo, Manuel Torre, los Rebujina, los Espeleta, los Jineto y, al decir de María Estévez (2), del músico Manuel de Falla, cuya obra El Amor Brujo la compuso, precisamente, a petición de la propia Rosario la Mejorana, quien le facilitó la base musical de seguiriyas, soleares, polos, martinetes y zambras, según el criterio, entre otros muchos estudiosos, de Molina Fajardo (3).





Pastora Imperio. José Villegas Cordero
Entre las curiosidades encontradas en el archivo de Diario de Cádiz, mostramos ésta, anteriormente aludida, en donde el propio redactor del periódico, señalaba el entronque de La Mejorana con Curro Dulce, en una noticia, a propósito de una gira de Pastora Imperio, fechada en 1908, en la cual la artista embarca en los muelles gaditanos, a bordo del buque Manuel Calvo, rumbo hacia Cuba y México:


Diario de Cádiz, 30 de abril de 1908


Más adelante, la noticia de impacto nacional de la boda de Pastora Imperio con Rafael el Gallo, fue muy difundida por toda la prensa española; matrimonio que, por cierto, terminó "como la comedia de Ubrique":


Diario de Cádiz, 11 de febrero de 1911



Diario de Cádiz, 21 de febrero de 1911

Retrato de Pastora Imperio. Manuel Benedito Vives

La noticia continuaba, dejando constancia de la enfermedad del padre de Pastora, marido de La Mejorana, que a los pocos meses fallecería:

"En el expreso de Andalucía marcharon hoy a Sevilla la madre y el hermano de Pastora Imperio, por estar muy delicado de salud el padre de ésta.
Gallito permanecerá con su esposa en Madrid hasta el miércoles, en cuyo día saldrán también para Sevilla.
Un fotógrafo hizo en la capilla retratos de los novios y asistentes al acto, pues el párroco se negó a que lo retratasen" (4).




María Estévez con Milagros Melu

Para conocer la vida de Pastora Imperio, recomendamos la lectura del trabajo de María Estévez, Reina del duende, libro que tuvimos el honor de presentar el pasado mes de diciembre en El Café de Levante. con la propia María que expresamente vino desde Los Ángeles; con Tere Torres y ante los habituales parroquianos del café.




María Estévez



Carmen Amaya y Pastora Imperio







No se puede ser más guapa.
Pastora Vega, biznieta de Pastora Imperio y

tataranieta de La Mejorana


                             

            
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(1) Archivo Municipal de Sevilla. Empadronamiento general, Año de 1913, P/147. Suele ser costumbre de muchos gestores de archivos y bibliotecas, creerse que los fondos son "suyos", en vez de públicos, para lo cual establecen normas absurdas, desproporcionadas y caprichosas, que zancadillean el normal desarrollo de la investigación. Es el caso del Archivo Municipal de Sevilla que, primero, no permite al investigador fotografiar los fondos públicos (ha de hacerlo el departamento de la fototeca) y, en segundo lugar, te cobra por cada reproducción; lo cual es inmoral (aparte de un atraco a mano armada con pasamontañas de hilo negro).

(2) ESTÉVEZ, María y DONA, Héctor, Reina del duende. La vida, los amores y el arte de una mujer apasionada, Barcelona: Rocaeditorial, 2012 (Págs. 260 y 261).

(3) MOLINA FAJARDO, Eduardo, Manuel de Falla y el "cante jondo". Prefacio de Andrés Segovia, Granada: Universidad de Granada, 1990 (Edición facsimilar de la de 1962), Págs 15 y 16.

(4) Diario de Cádiz, 21 de febrero de 1911.